Una de las principales prioridades de los despachos de abogados dentro de su estrategia de marketing y comunicación es estar presentes donde sus clientes los buscan. Esto incluye contar con presencia en los principales directorios, colaborar en medios de comunicación, disponer de una página web optimizada que genere confianza y cuidar la imagen en LinkedIn, entre otros aspectos.
Sin embargo, los despachos no siempre pueden concentrar sus esfuerzos únicamente en decidir dónde estar o cómo ser encontrados. También deben aprender a gestionar su presencia cuando aparecen en espacios o contextos que no han elegido.
Este escenario, aunque no es nuevo, se ha intensificado con el auge de los entornos digitales y fenómenos como las respuestas generadas por inteligencia artificial (conocidas como AI overviews), entre otros factores. En este contexto cobra relevancia el concepto de “brand safety”, es decir, el control y gestión de la reputación de una marca cuando aparece en un entorno no previsto o potencialmente perjudicial.
¿Qué situaciones de descontrol podemos experimentar?
En comunicación, el control absoluto suele ser más una ilusión que una realidad. Aunque podemos elegir en qué reportaje participar o junto a qué otros despachos aparecer, un artículo puede ser citado en un foro de dudosa credibilidad; una entrevista puede convivir en la misma página con contenidos sensacionalistas o de clickbait; y una mención en redes sociales puede derivar en un hilo de comentarios que desvirtúe el mensaje original.
En otras palabras, la reputación no depende solo de lo que el despacho comunica, sino también del contexto en el que aparece. Y ese contexto —digital, inmediato y cambiante— puede reforzar o erosionar la percepción de autoridad y confianza que tanto cuesta construir.
El “entorno no elegido” para un despacho puede significar:
– Ser mencionado junto a firmas o actores con prácticas dudosas o de menor prestigio.
– Aparecer vinculado a temas polémicos o ajenos a su especialidad.
– Ser incluido en rankings o comparativas sin consentimiento, fuera de la estrategia planificada.
– Ver su nombre utilizado como referencia en contextos que deterioran su posicionamiento.
El riesgo no siempre es evidente ni controlable, pero existe. Entonces, ¿qué podemos hacer?
El “brand safety” en el sector legal
El concepto de brand safety, habitual en el ámbito de la comunicación, busca garantizar que una marca no aparezca junto a contenidos que puedan dañar su imagen.
En el sector legal podríamos hablar de “reputational safety”, es decir, asegurar que la presencia del despacho en todos los canales esté alineada con su identidad, valores y estrategia.
Esto implica revisar tres niveles:
1. Dónde aparezco: medios, podcasts, newsletters, entrevistas, eventos, blogs, jornadas, foros, reseñas, etc.
2. Con quién aparezco: otras marcas, despachos, entidades o profesionales que comparten espacio con mi despacho.
3. Cómo aparezco: qué tono utilizo, cuál es el contexto, en qué tipos de contenido, cómo trabajo el SEO, la narrativa que me rodea…
La combinación de estos factores define cómo perciben al despacho sus públicos (clientes, colegas, prensa, stakeholders) e incluso la propia inteligencia artificial, que hoy puede “encontrarnos” y asociar nuestra reputación sin que hayamos intervenido directamente. Por eso, debe existir una estrategia de reacción detrás del aparente caos.
Estrategia de prevención: qué acciones llevar a cabo
El brand safety no debería verse solo como una estrategia de reacción, sino como un plan de acción continuo y anticipatorio. La clave está en adelantarse, prevenir riesgos y no en esperar a que surja el problema.
1. Protocolos de revisión y aprobación. Antes de aceptar una entrevista o colaboración, verificar el contexto: quién la organiza, cuál es su audiencia, cómo han tratado ciertos temas en el pasado, etc.
2. Crear un mapa de entornos seguros y alianzas. Identificar medios, comunidades, publicaciones y eventos que compartan nuestra visión profesional para priorizar nuestra presencia en ellos.
3. Establecer alianzas estratégicas. Construir relaciones con otros despachos, asociaciones profesionales, instituciones académicas y medios de comunicación de confianza que compartan los valores y estándares del despacho. Estas alianzas no solo amplían la red de visibilidad en entornos seguros, sino que también refuerzan la credibilidad, fomentan colaboraciones de calidad y ayudan a blindar la reputación ante posibles crisis o desinformación.
4. Reforzar el entorno propio. Cuantos más espacios propios tenga el despacho (blog, newsletter, publicaciones en medios, redes sociales), más capacidad tendrá de equilibrar la situación, reforzar su narrativa y proyectar coherencia.
5. Capacitar al equipo. Asegúrate de que todos los socios y portavoces sepan cómo comunicar y qué tipo de mensajes refuerzan o debilitan la reputación.
6. Simular escenarios de crisis. Anticipa posibles situaciones de riesgo y ensaya respuestas. Esto permite actuar con rapidez y coherencia cuando sea necesario.
7. Implementar una monitorización activa. Auditar la huella digital regularmente a través de herramientas digitales para evaluar dónde aparece nuestro despacho, en qué medios y redes, con qué mensajes y en qué contextos. Esto permitirá reaccionar a tiempo y evitar que situaciones menores se amplifiquen.
¿Cuál es la mejor estrategia de reacción y control?
Por otro lado, también resulta esencial contar con una estrategia de reacción bien definida, que permita saber cómo actuar, cómo prepararse y bajo qué criterios responder ante situaciones imprevistas.
El primer paso es tener clara la estrategia de comunicación. Establecer el tipo de discurso, tono y temas con los que se quiere (y no se quiere) asociar la firma. Esta definición sirve como guía para determinar en qué momentos conviene intervenir y cuándo, por el contrario, el silencio estratégico es la mejor respuesta.
Del mismo modo, es fundamental diseñar protocolos de respuesta que sirvan como hoja de ruta ante apariciones no deseadas. Estos protocolos deben adaptarse a la realidad de cada despacho, contemplando distintos niveles de riesgo, asignando responsables y detallando las acciones concretas que se llevarán a cabo en cada escenario.
En conclusión…
La verdadera fortaleza de un despacho radica en su capacidad para actuar con estrategia, anticipar, reaccionar con criterio y gestionar el contexto con inteligencia.
Los despachos que comprendan esta lógica no solo protegerán su marca, sino que también podrán recuperar y fortalecer la confianza, un valor esencial en el ejercicio del derecho.