Entrevista a J. Ignacio Fuster-Fabra, socio de Fuster-Fabra Abogados

¿En qué se diferencia Fuster-Fabra Abogados de otros despachos?

Fuster-Fabra Abogados nace como una boutique de derecho especializado la cual, gracias a un contacto directo con sus clientes y con la realidad del mundo jurídico, económico y social, ha evolucionado de forma acorde a ésta. La amplitud e integración de nuevas áreas de práctica en los últimos doce años ha conseguido satisfactoriamente ofrecer un servicio integral respecto de las contingencias que pueden tener los clientes en prácticamente cualquier ámbito del Derecho, pero siempre manteniendo los estrictos niveles de calidad y excelencia que ha caracterizado a la Firma desde su fundación.

Como Firma, confiamos en un modelo de despacho que sea capaz de manejar la transversalidad necesaria entre cada una de las áreas que lo conforman, puesto que la gran mayoría de las veces las necesidades legales de nuestros clientes trascienden una sola área de práctica. La naturaleza de nuestros servicios junto con la tipología de nuestros clientes y sus necesidades hacen que nos convirtamos de facto más en consejeros y solucionadores de problemas, que en meros abogados y asesores jurídicos.

En este sentido, el cliente forma una parte fundamental del servicio prestado, lo cual tiene una doble implicación: por un lado la labor de comunicación –muchas veces pedagógica– para que el cliente sepa en cada momento el estado y avance de su asunto, y por otro lado la eficiencia en el asesoramiento, procurando evitar largos procedimientos y minimizando los potenciales perjuicios, tanto legales como profesionales. El cliente así es consciente del trabajo que se está realizando y de que soluciones eficaces puede haber varias, pero que nosotros vamos a buscar, encontrar y aplicar siempre la más eficiente.

¿Hacia qué dirección está creciendo vuestro despacho?

Las vías de crecimiento del despacho son fundamentalmente dos, interna y externa. Desde el punto de vista interno, confiamos más que nunca en el capital humano y en la calidad de los abogados que forman parte de la Firma, apostando por un desarrollo de carreras internas y alentando la toma de responsabilidades cada vez mayor desde un punto de vista técnico y de generación de negocio, homogéneamente en todos los  departamentos y áreas que conforman la Firma. Desde un punto de vista externo, hemos comprobado con sincera gratitud que nuestra apuesta por un asesoramiento pormenorizado y hecho a medida para cada caso ha tenido una gran acogida, penetrando en un nicho de mercado en el que el cliente huye de asesoramientos low cost, pero tampoco quiere ser un número más en la cuenta de resultados de despachos más grandes.

¿Cuál es vuestro “punto fuerte”?

Nuestro punto fuerte se puede resumir con dos palabras: excelencia y disponibilidad.

La excelencia, proporcionada por un conocimiento profundo del derecho y un estudio exhaustivo de los problemas que atañen al cliente, anticipándonos muchas veces a las potenciales consecuencias adversas.

La disponibilidad, horaria y geográfica, ya que el despacho da un servicio 365 días al año 24 horas al día. Entendemos que los problemas de los clientes no tienen localización estática y tampoco un horario determinado.

Como engranajes que permiten ofrecer este servicio, el equipo que compone toda la firma es sin duda el mejor activo en el que puede confiar el cliente.

¿Por qué te has especializado en el derecho penal?

Mis inicios comenzaron en una boutique especializada en Propiedad Intelectual, en la cual tuve la suerte y el privilegio de aprender de los mejores maestros. Más adelante, sobre todo como pasante y luego abogado júnior entendí cómo era la filosofía de un despacho; cuando empiezas desde abajo es muy sencillo visualizar cómo es la gestión del día a día y todas las implicaciones, asuntos y problemas que pueden suceder a la hora de gestionar y desarrollar el proyecto de un despacho.

En un momento determinado me surgió una oportunidad de formarme en U.C.L.A. (Universidad de California Los Ángeles) y estuve una temporada allí, pero en esa época coincidió con el juicio del atentado del 11M y tras una llamada de mi primo José María, decidí volverme para montar el despacho en Madrid.

En esa época coincidí con mi socio Jose Carlos Velasco (quién ahora dirige la Firma) y empezamos nuestra andadura como penalistas primero especializados en penal general y posteriormente en Delitos de carácter económico. Desde entonces hemos ejercido en esta disciplina, no solo como letrados, si no también aportando nuestro pequeño “grano de arena” en el campo de la docencia, impartiendo clases en las mejores facultades de derecho.

¿Qué consecuencias tiene la tendencia actual de judicializar todo por lo penal?

A día de hoy hemos sufrido una sobre-judicialización en nuestra sociedad. Con el acceso que hay a la información tan global y desmedida, así como la influencia de los medios de comunicación y redes sociales, se ha transmitido a la sociedad una sensación de que se puede denunciar por todo y contra todo, no siendo conscientes la mayoría de las personas de los perjuicios que ello conlleva.

Con esta tendencia a judicializar cualquier cuestión se provoca dos sensaciones:

  1. Que cualquier cuestión que se suscite -por peregrina que sea- se puede dirimir en un procedimiento judicial.
  2. Que aunque no se consiga el objetivo jurídico, si que se puede conseguir una condena social o también llamada de “pena de banquillo”.

Es cierto que hay mecanismos para controlar esa excesiva judicialización, pero también es verdad que hay una premisa doctrinal por el Tribunal Supremo que remarca que “en todas las causas penales con cierta relevancia -a discreción del instructor- han de practicarse las diligencias mínimas de instrucción”.

La reforma del Código Penal trajo consigo nuevos tipos penales. ¿Cuáles destacarías?

Claramente la inclusión de La Responsabilidad Penal de las Personas Jurídicas. Pensemos que uno de los aforismos más antiguos del Derecho Penal es “societas delinquere non potest”, y con una modificación más que acertada del código penal se ha producido una revolución en cuanto a las posibles imputaciones y sobre todo, responsabilidades penales en los procesos de carácter económico.

Tanto ha sido el cambio, que han surgido nuevos actores, como son los Compliance Officer y nuevos métodos de control, investigación y prevención, que son los Programas de Compliance penal en las empresas.

¿Cuáles son los mayores retos a los que se enfrenta un abogado penalista?

 El mundo en general está sufriendo cambios constantes, tendiendo a una digitalización mayor y sobre todo a una automatización de los procesos que hasta ahora se consideraban “analógicos”.

El abogado penalista no puede olvidar que posiblemente sea ésta la disciplina más personalista, en la que la tecnología está al servicio del proceso, y no a la inversa. La prueba seguirá siendo fundamental, pero ahora contará con las garantías de la tecnología para no verse la primera vulnerada o manipulada. Los procedimientos se podrán agilizar, y se dará flexibilidad a la celebración de las vistas.

No obstante, el Derecho Penal al final no dejará de ser un proceso en el que, además de la prueba objetiva y las facilidades tecnológicas, será un procedimiento en el que la interpretación de conceptos abstractos, la subjetividad e intencionalidad de los hechos de las partes, de los argumentos letrados y su condicionamiento a lo sucedido en los diferentes momentos de la instrucción, fase intermedia y juicio oral, seguirán determinando la correcta defensa de los intereses del cliente y sobre todo se velará por una tutela judicial efectiva a la que todo ciudadano tiene derecho.