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La lucha contra la desinformación: se acabó la era del sentido común

La lucha contra la desinformación: se acabó la era del sentido común

Blanca Remirez de Ganuza

Blanca Remirez de Ganuza

Vivimos tiempos en los que la verdad se fragmenta y se diluye. “Ya no estamos en la era del sentido común”, explican Ximena Villagrán y Cristina Algarra, directora de operaciones y responsable de comunicación de Maldita.es, la organización española independiente y sin ánimo de lucro que combate la desinformación a través del periodismo, la tecnología y la educación. 

En la nueva era de los deepfakes y las fake news,  el nuevo ecosistema informativo ha abandonado los canales y fuentes tradicionales para nutrirse de noticias, y se mueve en un escenario incierto dominado por las redes sociales que ha normalizado los bulos, las mentiras políticas y las teorías de la conspiración, erosionando la confianza en instituciones sólidas e incluso en el propio sistema democrático.   

Desde Maldita.es, explican que los bulos no solo afectan a gobiernos, partidos políticos y medios de comunicación; también el tercer sector y las ONG se ven perjudicados, contribuyendo a fragmentar la sociedad y sembrar una duda generalizada: ¿en quién podemos confiar? 

¿Quién está detrás de los bulos? 

Maldita.es comenzó su andadura en 2018 y desde entonces ha comprobado cómo la desinformación no es casual ni espontánea. Para esta organización, existe una acción coordinada que busca quebrar la confianza en las instituciones. El punto de inflexión llegó con el COVID-19 y la guerra de Ucrania, cuando se hizo visible la profesionalización de desinformadores a nivel nacional, así como la injerencia extranjera y el papel de ciertos poderes globales interesados en desestabilizar el orden social y político.   

En paralelo, los gigantes tecnológicos han bajado la guardia. Meta, Google o YouTube han reducido drásticamente sus sistemas de verificación. En Estados Unidos, son ya prácticamente inexistentes. Datos del DSA Transparency Report  muestran que mientras en Europa 27 millones de publicaciones fueron etiquetadas en Meta por verificadores en los seis primeros meses de 2025, en EE. UU. solo se emitieron 900 notas de la comunidad, una proporción ínfima en comparación con la magnitud del problema. En Google hemos pasado de 120 millones de usuarios que encontraron información verificada con Claimreview en el primer trimestre de 2024 a literalmente cero. “Internet se está volviendo más peligroso, a propósito”, advierten desde Maldita.es 

Nuestro país no está al margen de este fenómeno. La confianza en las noticias que leemos en España lleva cayendo desde 2015 y hoy se encuentra entre las más bajas de Europa. La sociedad española es un terreno fértil para la desinformación. 

Ante esta realidad un tanto desoladora, Maldita.es decidió cambiar su enfoque. Ya no se trata de combatir los bulos uno a uno, sino de identificar narrativas completas, comprender su origen y medir su capacidad de daño. Para ello, utilizan dos criterios principales: 

– Peligrosidad, cuando el relato amenaza la estabilidad del sistema (como en el COVID, la guerra de Ucrania o la reciente DANA). 

– Viralidad, que detectan observando cómo un mismo contenido se amplifica rápidamente y cambia de formato o canal. 

Cómo se lucha contra la desinformación 

La premisa con la que trabaja Maldita.es es que todo podría ser verdad. Para ello cuentan con un equipo de profesionales, de diferentes perfiles (periodistas, antropólogos, ingenieros, programadores, etc.) que combinan escucha activa, monitoreo constante, investigación periodística y tecnología como la IA. Entre sus herramientas más conocidas, su chatbot de WhatsApp o la Buloteca, un espacio colaborativo donde los ciudadanos pueden reportar y seguir en directo los contenidos que podrían ser desinformación.  

También desarrollan proyectos para la UE enfocados en la protección de la libertad de expresión y colaboran con empresas, identificando narrativas de riesgo, por ejemplo, las vinculadas al greenwashing.  Además, generan comunidades y alianzas, especialmente en el ámbito universitario y educativo porque la batalla no solo se libra en los algoritmos, sino también en las aulas.  

Un dato para la esperanza. Según los indicadores que maneja esta organización, el daño que estamos viendo a nivel institucional no parece haber permeado de una forma tan profunda en el mundo empresarial, y la confianza en las compañías se mantiene en niveles más estables. Esto no significa que debamos relajarnos en la lucha contra la desinformación. Más que nunca debemos actuar con rigor, transparencia y sentido crítico.  

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