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La mala escritura, no las ideas, hacen que los contratos sean difíciles de leer

La semana pasada, Artifical Lawyer publicó un artículo analizando los resultados de un estudio científico que descubría que, al contrario de lo que pensamos, los contratos son difíciles de entender por la forma en la que están escritos, y no por la complejidad de las ideas o conceptos descritos en los mismos.

El estudio, dirigido por Eric Martínez en el grupo de Ciencias Cognitivas y del Cerebro del renombrado Instituto Tecnológico de Massachusetts, descubrió que, entre otras cosas, los contratos contienen una proporción asombrosamente alta de ciertos rasgos difíciles de procesar: la jerga que utilizan los abogados, el hecho de que las cláusulas estén incrustadas en el centro del documento, la utilización de la voz pasiva y mayúsculas, entre otros.

El artículo, básicamente, concluye que los abogados rompen todas las reglas del libro cuando se trata de escribir de forma clara y directa. Esto es especialmente interesante para los profesionales que se dedican al Legal Design, ya que demuestra que el diseño jurídico debe abordar también cuestiones como la sintaxis (cómo se colocan las palabras para crear una frase).

Otro de los problemas clave que destaca este análisis es el uso que hacen los abogados de las cláusulas que dependen de otras cláusulas para que se entienda el contexto del contrato. Otro problema relevante es el uso de la voz pasiva a la hora de redactar los contratos que, por ejemplo, está totalmente prohibido en la redacción periodística. La voz pasiva dificulta enormemente al lector seguir el tema principal del texto.

A pesar de que muchos ya son conscientes de lo comentado anteriormente, ¿por qué los contratos siguen pareciendo escritos incomprensibles? ¿Se trata de malos hábitos que comenzaron hace cientos de años y que aún no se han abordado?

Si somos conscientes de las dificultades que eso presenta para las empresas y otros profesionales fuera del entorno jurídico, deberíamos ser capaces de mejorar la redacción de los contratos, y pensar en los beneficios que esto aportaría a la tecnología jurídica y a la sociedad en general.

Fuente: Artificial Lawyer