“Herbert Smith Freehills Kramer. Herbert Smith Freehills Kramer. Herbert Smith Freehills Kramer.”
Si ya era complicado el nombre del gigante británico, ahora mucho más. Pero más allá del naming, lo verdaderamente relevante es lo que hay detrás: una fusión que ha agitado al sector legal y que marca un nuevo episodio en un proceso de transformación que lleva tiempo en marcha.
¿El resultado? Una firma con 2.700 abogados, ingresos de 2.000 millones de dólares y presencia en 25 ciudades. Una operación que la coloca entre las grandes firmas internacionales por volumen, cobertura y ambición.
Pero ya sabemos que no se trata de un movimiento aislado. Es parte de una tendencia que se ha ido consolidando desde hace más de una década: despachos que unen fuerzas, estructuras que se integran, marcas que evolucionan. El objetivo de fondo es siempre el mismo: ampliar capacidades, llegar a más jurisdicciones y ofrecer un servicio más completo, competitivo y adaptado a las nuevas exigencias de los clientes.
Si hacemos un repaso a las grandes fusiones de los últimos años, podremos entender hacia dónde se mueve el sector:
Hogan Lovells (2010): la primera gran apuesta transatlántica. La unión entre Hogan & Hartson (EE. UU.) y Lovells (Reino Unido) fue una de las primeras en cruzar el Atlántico con ambición real de integración. Más de 2.500 abogados y presencia en más de 45 oficinas. Combinaban implantación en EE. UU., Europa y Asia, y sentaban las bases de un modelo que muchas firmas imitarían después: complementariedad geográfica, marca global y una gestión más cohesionada.
Dentons (desde 2013): el modelo policéntrico. Frente a las estructuras más jerárquicas y centralizadas, Dentons eligió otro camino. Apostó por un modelo policéntrico que da autonomía a las oficinas locales y refleja mejor la diversidad cultural y legal de los países donde opera. Hoy cuenta con más de 10.000 abogados en más de 70 países. Un modelo pensado para crecer rápido, integrando culturas, servicios e idiomas, con una lógica muy distinta a la de las firmas más tradicionales.
Squire Patton Boggs (2014): influencia y expansión internacional. Squire Sanders se unió a Patton Boggs, una firma con gran peso en Washington y un perfil muy marcado en lobby y asuntos regulatorios. El resultado fue una firma con gran capilaridad global, especialmente en EE. UU., Europa, Oriente Medio y Asia, y una apuesta clara por áreas como comercio internacional y regulación estratégica.
A&O Shearman (2024): reforzar la presencia en EE. UU. Allen & Overy y Shearman & Sterling oficializaron su unión el año pasado con un objetivo claro: estar en el radar de las grandes operaciones norteamericanas. La fusión ha reforzado áreas como banca, energía, infraestructuras y arbitraje internacional. El resultado: 4.000 abogados y una cobertura casi total de las principales jurisdicciones del mundo.
HSF Kramer (2025): equilibrio cultural y visión compartida. La fusión más reciente, entre Herbert Smith Freehills y Kramer Levin, refleja la lógica actual del sector. HSF, con una presencia consolidada en Europa, Asia-Pacífico y Australia. Kramer, con raíces fuertes en Nueva York, Silicon Valley y Washington DC. Juntas, refuerzan áreas como litigios complejos, propiedad intelectual y asesoramiento a grandes tecnológicas. Pero si algo destaca de esta operación es el foco en la compatibilidad cultural y en construir un proyecto común desde dentro, sin prisas, pero con convicción.
¿Estamos ante una moda o ante algo más profundo? Todas estas operaciones apuntan en la misma dirección: el sector legal está inmerso en una transformación real, que no es nueva pero que sí va más rápido.
Durante años las firmas han ido adaptándose, reordenando estructuras y replanteándose su crecimiento. Lo que ha cambiado ahora es el nivel de exigencia de los clientes. Buscan más oferta, más especialización, más capacidad de respuesta. Quieren que los despachos los acompañen en todas sus etapas, estén donde estén y con independencia del tipo de reto que tengan por delante.
Tener “presencia internacional” ya no basta. Se necesita una cobertura real. Equipos que trabajen juntos de verdad, políticas internas coherentes, servicios integrados. Y una cultura compartida que no se limite a un logo bonito y un buen eslogan.
Así que, en mi opinión, la pregunta no es si las fusiones seguirán, sino en cómo as firmas pueden crecer con sentido. Qué se busca con cada operación. Cómo se integran con éxito personas, servicios y culturas. Y hasta qué punto los despachos están preparados para responder a un sector cada vez más competitivo, transversal y conectado.
¡A por el jueves!