La función legal de la gran empresa atraviesa una transformación silenciosa, profunda y, en muchos casos, desigual. Ya no se trata solo de incorporar herramientas tecnológicas o adaptarse a nuevas normativas, sino de redefinir el papel de la asesoría jurídica dentro de organizaciones cada vez más complejas, reguladas y orientadas al dato.
Esta es una de las principales conclusiones del informe “Transformación en la función legal en la gran empresa ante el nuevo entorno regulatorio y digital”, elaborado por El Confidencial y Deloitte Legal en el marco del Observatorio de la Asesoría Jurídica de la Gran Empresa. El estudio, basado en entrevistas y encuestas a responsables jurídicos de compañías del Ibex 35 y de otras grandes empresas españolas, ofrece una radiografía precisa del momento que viven los departamentos legales.
Más presión regulatoria, más peso estratégico
El informe confirma la creciente complejidad normativa y la aceleración tecnológica, que están reforzando el papel estratégico del abogado in house. Las asesorías jurídicas ya no actúan únicamente como funciones de control o validación, sino que participan de forma cada vez más activa en la toma de decisiones, en los comités directivos y en los procesos de transformación corporativa.
De hecho, más del 75 % de los responsables jurídicos consultados afirma tener una presencia alta en los principales órganos de decisión de sus compañías, lo que consolida su rol como socios del negocio y no solo como áreas de soporte.
Tecnología: avances reales, madurez desigual
La digitalización es ya una realidad en la mayoría de las asesorías jurídicas, aunque su grado de madurez varía notablemente entre organizaciones. Las herramientas de gestión de contratos (CLM) y de automatización de procesos se han convertido en estándares operativos, mientras que la analítica de datos y la monitorización legislativa avanzan a ritmos más heterogéneos.
En materia de inteligencia artificial, el enfoque sigue siendo pragmático. Microsoft Copilot se posiciona como la herramienta más utilizada, seguida de ChatGPT, reflejando una adopción todavía centrada en la eficiencia operativa y el apoyo al trabajo diario, más que en una redefinición completa de los modelos de asesoramiento.
Talento tecnológico, la gran asignatura pendiente
Uno de los datos más reveladores del informe tiene que ver con las personas. Aunque la mayoría de los equipos jurídicos están formados por profesionales con entre 8 y 15 años de experiencia, solo una pequeña parte de las asesorías cuenta con una estrategia clara para atraer perfiles con competencias tecnológicas o multidisciplinares.
Asimismo, menos de la mitad dispone de planes de formación estructurados en áreas como tecnología, finanzas o soft skills. Un gap relevante si se tiene en cuenta que la transformación legal también es un reto cultural y organizativo.
De la digitalización a la transformación real
El Observatorio pone de manifiesto que la tecnología, por sí sola, no transforma la función legal. Lo que marca la diferencia es cómo se integra en la estrategia, en los procesos y en el modelo de relación con el negocio. Las asesorías jurídicas más avanzadas son aquellas que han sabido conectar tecnología, talento y gobierno para generar impacto real y medible.
En este nuevo escenario, la función legal se consolida como una palanca de competitividad, capaz de anticipar riesgos, acompañar la innovación y aportar seguridad jurídica en un contexto de cambio permanente. Una transformación que, como muestra esta radiografía, va mucho más allá de las herramientas y se juega, sobre todo, en el corazón y cultura de las organizaciones.